viernes, 14 de febrero de 2014

Exaltación



      

   No quiero irme a la tumba, no
sin volver a embriagarme
con el dulzor de tus labios,
que me saben a gloria,
y que me ofreces agradecida
en una noche de pasión,
exenta de pudor y temor,
cuando tu cuerpo y el mío,
se funden en un fuego abrasador,  
que culmina en un éxtasis
pleno, insólito y brioso,
que nace de las cenizas
de tu asombrosa apetencia,
que evoca a una tormenta perfecta,
de la que emerge el más bello arco iris
que hace de ti un ser bello,
igual de pragmático que único
al que amo, sin límites,
desde el más absoluto delirio,
similar al que sentía
 Romeo por su hermosa Julieta…
 No quiero irme a la tumba, no
sin volver a sentir
tus entrecortados gemidos
tus abrigados arrumacos
profanando tus tesoros más ocultos
que brotan como un manantial,
húmedo y recóndito
en el que no dudo en nadar…
   No quiero irme a la tumba, no
sin antes haberle gritado
a los cuatro vientos
lo mucho que te quiero,
aun cuando ello me deje sin aliento. 


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