miércoles, 12 de marzo de 2014

Atada a tu piel



                   
  Voy desatando tus frágiles muñecas después de un improvisado juego de seducción, carente de límites y recato aparente, pues he logrado doblegarte a mi voluntad, avivando este deseo que, tú y yo, conocemos a la perfección y que tanto nos fascina como todo los demás...
  Más comienzo a recorrer tu glorioso cuerpo con mordiscos afrutados de pasión que fluyen, como un hierro candente, recorriendo los sensibles poros de mi piel, la cual se estremece alborotada por el roce de tus dedos y manos, que me moldean con si fueras un alfarero, curtido en años y experiencia, dispuesto a enseñar a su más avivada discípula…
  No en vano me tomas en tus brazos, mientras giramos sorteando muebles y sillas para yacer en ese sagrado espacio donde me sugieres que rindamos culto a nuestros fogosos cuerpos, que se encienden, otra vez, bajo la tenue luz de las velas, aderezadas con perfumados aromas, que se fusionan con el suave sabor de tus labios que buscan lo míos, bajo un incontrolable duelo de lenguas que se funden fogosamente,  tus manos descienden, suavemente, por mi espalda hasta llegar a mis caderas, para perderse en mis tesoros más escondidos y que te ofrezco al borde de la locura… iniciando, así, otro juego, totalmente distinto, en la que optamos por acoplarnos para poco después perdernos en deliciosas agitaciones, a la ques e suma una exquisita sinfonía de suspiros entrecortados que se prolongan en el tiempo hasta que, tú y yo, vencidos por el éxtasis, nos dejamos llevar solo para rompernos en mil pedazos… 





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