lunes, 21 de abril de 2014

Condena

                        


  Me perdí, sin darme cuenta, en la profundidad de tus delirios, mientras me encumbrabas, sutilmente, solo para arrojarme al infierno del más aciago despropósito, donde tú eras el maestro y yo una ignorante aprendiz que, a duras penas, trataba de descifrar tu misteriosa naturaleza que siempre ahuyentó al más perspicaz…si acaso supiste embelesarme con suma delicadeza, despojándome, poco a poco, de todo cuanto yo era…
  Por un tiempo, me alimenté de ti y de tus quimeras las cuales fueron atrapándome en un repentino remolino plagado de aflicciones que hicieron de mí una infeliz, justo cuando me percaté que eras el fiel reflejo de toda una mentira. Pese a ello, continué sometiéndome, una y otra vez, a tus intransigencias. Algo que nunca supiste valorar, simplemente, porque andabas empecinado en querer martirizarme, culpándome de una irrealidad forjada a golpe de engaño y tanto que, a día de hoy, mi corazón adolece, mientras los recuerdos se aglutinan en mi memoria como si fueran una horrenda condena…




 © Propiedad Intelectual. Charlotte Bennet.