domingo, 22 de junio de 2014

Vientos de ira

                              


   Si, alguna vez, ella te confesó su amor, tú preferiste aprovecharte de ese apreciado sentimiento para convertirlo en una marioneta, a la que fuiste despedazando con tu vil hazaña, transformándola en una sombra de desdicha sujeta a tus propias pretensiones, los cuales consistían en martirizarla, hasta arruinar su existencia a través de constantes golpes de voz, que se clavaban como espinas en su pobre corazón, quien se fue debilitando ante tanta vejación…
   Disfrutabas culpándola de tus ofuscaciones, viéndola llorar lágrimas de sangre que se derraban sobre su piel enjuta recubierta de sufrimiento, que ella se empeñaba en ocultar ante los ojos de los demás, fingiendo vivir una hermosa fábula a manos de un ser, sin escrúpulos, obsesionado con agitar su bastón de mando al frío viento de esa ira, que no contemplaba compasión alguna…Si acaso hiciste de su miedo e inquietud, tu mejor sayo, mientras bebías de sus labios la amargura que conllevaba tu enfermiza dominación, la cual arrasó con lo poco que quedaba de ella, antes de arrojarla a ese oscuro abismo que no merecía, y del que le costó emerger, solo para hallar la paz que nunca tuvo y siempre quiso poseer… 


© Propiedad Intelectual. Charlotte Bennet.