lunes, 21 de julio de 2014

Guerras

                        


   Buscamos vivir en armonía desde la tolerancia y el respeto sin importar la raza ni la religión que uno profesa…pero, por desgracia, no todos remamos en el misma dirección. Si acaso, a veces, vamos a la deriva aferrados a este inmenso galeón denominado universo, repleto de esclavos, fatigados y vencidos por el esfuerzo, empachados de hambre y frío, los cuales son obligados a remar, sin piedad, mientras sienten como el látigo fustiga sus almas  haciendo yagas en sus carnes, pues son despojados de todo cuanto poseen incluida su libertad, para ser luego arrojados a un océano de odio y rencor, donde el señor de la guerra, desde su privilegiado trono lanza mil cañones a babor y estribor, sobre una nación que yace dormida ajena a lo que se le viene encima…  
   Amaneceres teñidos de lamento y pesar que nadie quiere sofocar, ya que aquéllos que pueden optan por hacer oídos sordos ante tanta masacre…
  Cuerpos desencajados esparcidos como ganado, cuyos familiares y amigos tratan de dar sepultura en un sentido pesar…
  Almas inocentes que huyen despavoridas de los cañones de guerra, solo para buscar refugio en mitad de la nada…
 Corazones destrozados, que rebuscan entre los escombros de una ciudad despoblada, algún aliento de vida la cual espera agonizante a ser rescatada…
 Lágrimas de amargura, dolor e impotencia por los que tuvieron que marcharse en contra de su propia voluntad…
  Desfile de féretros expuestos a los ojos del mundo quien mira impasible el cortejo fúnebre, mientras el señor de la guerra es recibido entre vítores y aplausos por su excelente victoria…
   Entretanto el galeón, visiblemente restablecido de la batalla, vuelve a echarse a la mar a manos de otro nuevo y poderoso estratega militar, dispuesto a superar en violencia a su otro antecesor para así poder doblegar a los demás… 


 © Propiedad Intelectual. Charlotte Bennet.