A veces, todo se vuelve cuesta arriba. No vemos la salida, y la preocupación, la desesperación y la incertidumbre se instalan en nosotros. Sentimos que todo se desmorona, incluso nuestra propia vida… Hay días en los que levantarse ya es una victoria. Días en los que todo pesa más de lo normal. Días en los que sonríes por fuera mientras por dentro solo intentas no romperte. Nuestros problemas nos duelen, aturden e incomodan porque nos obligan a parar. Y es ahí donde empezamos a conocernos de verdad. Pero, incluso en medio de esa oscuridad, hay luz ya que algo dentro de nosotros sigue resistiendo… No es valentía, es inercia. Es hacer lo que toca, aunque no tengas fuerzas para remar a contracorriente. Es nadar sin hundirte del todo. Y, aunque parezca una tontería, es muchísimo más el esfuerzo de lo que creemos.
Nos enseñaron a buscar respuestas rápidas para los momentos difíciles, pero la realidad no funciona así. Hay etapas que no se resuelven al instante. Requieren tiempo, paciencia y fe.
Porque no todo lo que se rompe es una pérdida sino una forma de reconstruirnos del modo más honesto y fuerte. No obstante, sé que vas a salir de esta. Confío en tu fuerza interior. Buenas noches, lector/a. Charlotte Bennet