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Mi voluntad ya no distingue
entre adoración y caída,
entre la herida y la ofrenda.
Confundí el amor
con el vértigo del desamor,
mientras la pasión latía en mis manos
como el fuego que todo lo destruye,
como la ausencia que arremete furiosa.
Vi cómo esos ojos
me miraban con anhelo.
Escuché esas promesas
perderse en la distancia.
Y aun así vuelvo al delirio,
al mismo abismo,
a esos labios equivocados.
Y me pregunto…
¿Los locos aman
o arrancan los pétalos
de las margaritas
por puro instinto?
©Charlotte Bennet