viernes, 31 de julio de 2026

IMAGINA QUE OCURRE EN TU CIUDAD

 

      Imagina que un día te despiertas y descubres que tu ciudad ya no es la misma. Que algo ha cambiado, y no para bien. Que el miedo empieza a formar parte de tu rutina diaria. Que cierras la puerta de casa con más vueltas de llave que nunca. Que salir a comprar al supermercado deja de ser un gesto cotidiano a convertirse en una odisea, porque ya no te sientes seguro. Que, al caer la tarde, la incertidumbre aumenta y miras por la ventana preguntándote cuándo terminará esta pesadilla. Que vivir con normalidad deja de ser un derecho para convertirse en un privilegio.  Ahora deja de imaginar, ya que esto es lo que muchos ceutíes llevamos viviendo estos días. Mientras Europa nos dedica unos minutos en los informativos y unas breves declaraciones institucionales, Ceuta vuelve a situarse en la primera línea de una crisis migratoria de enormes dimensiones. Muchos la analizan desde la distancia con estadísticas, discursos políticos o debates ideológicos. Pero la realidad no cabe en una tertulia ni en un titular. Nosotros la vivimos al abrir la puerta de casa.

      Aquí no hablamos solo de inmigración. Hablamos de seres humanos que arriesgan la vida cruzando el mar. Hablamos de personas que mueren antes de alcanzar la orilla. Hablamos de niños cuyo futuro se apaga entre las olas. Esa tragedia debería estremecer la conciencia de toda Europa. Pero existe otra realidad de la que apenas se habla.  La de una ciudad que se siente abandonada como los ceutíes. La de comercios saqueados, viviendas vacías forzadas u ocupadas, vecinos que viven con miedo y escenas que jamás pensamos que volveríamos a contemplar. Mientras algunos celebran haber alcanzado suelo español, muchos ceutíes observamos con impotencia cómo nuestra ciudad pierde, poco a poco, la tranquilidad que siempre la caracterizó.

     ¿De verdad alguien cree que esto puede convertirse en algo cotidiano? No, claro que no...

      Contar lo que ocurre en Ceuta no es racismo. No es xenofobia. Es ejercer el derecho —y también el deber— de explicar una realidad que demasiadas veces se silencia. Defender la dignidad de quienes llegan buscando un futuro mejor no es incompatible con exigir seguridad, orden y protección para quienes ya vivimos aquí. Ambas cosas no solo son compatibles: son imprescindibles en un Estado de derecho.

      Los cuerpos y fuerzas de seguridad realizan un trabajo admirable, pero no pueden hacerlo todo con unos recursos claramente insuficientes para la magnitud de la situación. Pero su esfuerzo está muy por encima de los medios con los que cuentan. Ellos no son el problema, sino un sistema que siempre llega tarde, que actúa cuando la emergencia ya se ha desbordado y que parece olvidar que Ceuta también es España y que España también es la frontera sur de Europa.

      A veces me pregunto si la respuesta sería la misma si estas imágenes se produjeran frente al Congreso de los Diputados, en la Puerta del Sol o junto al Parlamento Europeo. ¿Se hablaría igual? ¿Se actuaría con la misma lentitud? ¿O el problema habría dejado de ser invisible desde el primer momento?

      No escribo estas palabras para enfrentar a unas personas con otras. Tampoco para señalar a quienes huyen de la pobreza, o de la desesperación. Sería profundamente injusto. Escribo porque me niego a aceptar que el sufrimiento de unos tenga que traducirse en el abandono e inseguridad de otros.

     No quiero acostumbrarme a que la inmigración irregular deje de ser una situación excepcional para convertirse en una crisis permanente. No quiero que la tragedia humana que contemplamos siga utilizándose como arma política mientras nadie afronta este desafío con el rigor, los recursos y la responsabilidad que exige.

    Ceuta no necesita más promesas ni más discursos vacíos. Necesita un plan de actuación inmediatamente, y que quienes gobiernan comprendan que detrás de cada cifra hay personas: las que llegan buscando esperanza y los que llevamos toda una vida llamando hogar a esta tierra. Porque una sociedad empieza a fracasar cuando convierte en costumbre aquello que jamás debería aceptar. Y desde hace años, en Ceuta, corremos el riesgo de acostumbrarnos a lo inaceptable.  Ojalá quien lea estas líneas, por una vez, se pregunte qué haría si todo esto estuviera ocurriendo en su propia ciudad. Porque cuando el problema llama a la puerta de tu casa, deja de ser una noticia y pasa a ser tu vida...

 

martes, 28 de julio de 2026

SOMBRAS y RAÍCES

 




2

Muros incendiados:

ceniza cansada:

Refugio frío y desordenado

donde la conciencia

 sólo es una herida pausada.

Raíces negras,

y un dolor amargo

pernoctan como sombras encantadas.

El viento ya no trae noticias;

solo la noche llega,

con su canto opaco,

y me arrastra a un abismo callado.

©Charlotte Bennet

 

 

 

lunes, 27 de julio de 2026

IMPLOSIÓN

 



1

Las horas me devoran

como gusanos sin ojos:

extirpando mi matriz,

succionando mis arterias,

barriendo la oquedad

 de mi frío aliento.

Alguien susurra

que ya soy olvido,

mientras el aire

se vuelve de piedra.

   © Charlotte Bennet

 


sábado, 18 de julio de 2026

CHISPA

 

 

 

 

1

En el silencio,
los secretos son jueces sin rostro.
Cada vivencia
es un reflejo de aquello que ya no regresa.

Ni siquiera el viento
se atreve a romper
el pacto antiguo de esta oscuridad.
Y, sin embargo,

en mi corazón

arde aún esa chispa,
no para vencer esta niebla
que duerme en mis labios,
sino para recordarte
que incluso siendo una sombra
perdida,
necesito tu luz
para respirar.

©Charlotte Bennet

 

jueves, 9 de julio de 2026

ERAS SILBIDO PARA LAS FLORES MUERTAS

 

 

    Disfrutadlo tanto como yo al escribirlo...  

 

 1

Eras silbido para las flores muertas,

una canción desmenuzada

que descansaba en mis labios...

Y que ahora me resulta mundana,

pues ya no respiro el frío de tu ausencia,

ni colonizo el aire que te envuelve.

Pero duele el espacio

donde los insectos ciegos devoran lo que fuimos.

aunque espero que el invierno llegue,

y barra tu sombra,

y el crujido de tus pasos

que ya no es melodía arrastrada,

sino una plegaria por los muertos.

©CHARLOTTE BENNET

domingo, 5 de julio de 2026

AGUA HELADA


 

 

    Hoy, al mirar las cifras de este espacio, me detengo a contemplar el camino recorrido: 183 paradas en forma de textos y más de 250.000 visitas que han cruzado este umbral. Sé que la literatura, y especialmente la poesía, se refugia en los espacios callados. En esa lectura invisible que ocurre al otro lado de la pantalla. No hace falta ruido para saber que un verso ha encontrado su destino. A cada persona que pasa por aquí, a quienes habitan este blog desde hace años,  y a los nuevos lectores que dejáis que mis palabras os acompañen un instante: MUCHAS GRACIAS. 

 

 1

Lloro, 

y el invierno

se vuelve marea oscura.

No hay luz aquí, sino ecos

flotando entre el agua helada.

Soy naufragio,

un susurro atrapado

en esta ardiente profundidad,

donde el dolor

cubre mis ojos

como una mortaja de sal,

 mientras la oscuridad lo corona todo.

©Charlotte Bennet

 



        Imagina que un día te despiertas y descubres que tu ciudad ya no es la misma. Que algo ha cambiado, y no para bien. Que el miedo emp...