jueves, 3 de julio de 2014

Las dos caras del amor

                 
  
                                      
   Hay momentos en la vida en que deseamos encontrar a esa persona especial con la que poder compartir nuestra vida. De hecho, cuando creemos hallarla no dudamos en llevarlo a cabo... De esta manera algo en nuestro interior se desata y estamos en un estado de enajenación permanente puesto que pensamos constantemente en la persona amada. No podemos evitar dejarnos atrapar por la magia del momento y por la creciente pasión que emerge desde lo más profundo de nuestro corazón, el cual nos alienta a darlo todo. Embriagados por la felicidad no dudamos en inmortalizarla y propagarla a los cuatros vientos, pero nadie nos aseguró que semejante dicha fuera a ser eterna salvo en raras excepciones. Si acaso cuando la sombra del desamor emerge  todo parece desmoronarse a nuestro alrededor incluida la ilusión y la esperanza. En un abrir y cerrar de ojos nos vemos envueltos en una espiral de sufrimiento. Vemos cómo el amor se desvanece y damos la bienvenida a la amargura e infelicidad. Agonizamos ahogándonos en nuestro propio desconsuelo...Solo los recuerdos nos salvan mientras tratamos de encontrar alguna cura para nuestras heridas. 
  Ciertamente el amor tiene dos caras: una amable y otra menos agradable. Amamos porque nos lo dicta el corazón no la razón pero lo cierto es que nadie muere de amor, solo se sobrevive del mejor modo posible.
              
                  Dedicado a Breathing From Words. :)


© Propiedad Intelectual. Charlotte Bennet.  

domingo, 29 de junio de 2014

Hijos de la guerra

                             
  No eligió asomarse a aquel abismo sino que éste lo atrapó para formar parte de él, porque fue captado y obligado a dejar atrás su niñez solo para ser soldado. De hecho le enseñaron a obedecer y usar un fusil.
  Solo conoce el odio y la violencia a través de quienes lo han instruido. No puede ni debe protestar sino llevar a cabo lo que se le ha inculcado. Condenado y atrapado en un guerra que no es suya da caza al que considera el enemigo para ello se esconde, con sigilo, tras los estrechos callejones de una ciudad fantasma repleta de peligros que él sortea como niño-soldado. Corre raudo y veloz en mitad del campo de batalla ahora su única morada,siendo la metralla su mejor aliada con la que se defiende para sobrevivir entre en medio de un fuego cruzado que no cesa, y al que se ha acostumbrado como el resto convertidos en hijos de la guerra en contra de su voluntad...


 © Propiedad Intelectual. Charlotte Bennet.  

                                                                            I A veces, resurjo. Otras, me pierdo entre la virulencia de la...