Procuro mantenerme informada de lo que sucede en el mundo, aunque muchas veces la actualidad se vea teñida por la tragedia. Dicha tragedia tiene nombre, apellidos y una familia rota. Ayer, Renee Nicole Good tenía… UNA VIDA, y le ha sido arrebatada brutalmente. Murió en Minneapolis tras recibir varios disparos de un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Lo inquietante no es solo el hecho en sí, sino lo que vino después: versiones oficiales que no encajan, imágenes difundidas en redes sociales que contradicen el relato de las autoridades y que duelen casi tanto como su trágica muerte. Dicen que fue necesario el uso de la fuerza porque estaba justificado. Pero las imágenes grabadas muestran otra cosa bien distinta. ¿En qué momento se normalizó que una intervención policial termine con una persona abatida a tiros? ¿Y por qué no permitieron que aquel médico, que estaba ahí, la socorriera? Existen protocolos. Existen formas de dar el alto, de reducir, de detener. Existen alternativas que no pasan por disparar contra una persona hasta matarla. Lo ocurrido no fue un accidente inevitable: fue una decisión que derivó en una muerte violenta. Y las decisiones, especialmente cuando provienen de quienes ostentan el poder y las armas, deben rendir cuentas. Este no es un caso aislado. Se inscribe en un contexto de violencia institucional en Estados Unidos, ligada a las políticas migratorias y al papel de agencias como ICE, cuyo historial está marcado por abusos y el uso excesivo de la fuerza. Cuando el control migratorio se ejerce desde el miedo y la deshumanización, el resultado es este: vidas truncadas y familias rotas.
Lo más peligroso no es solo que una persona muera a manos de un agente del Estado, sino que esa muerte quede archivada en un informe guardado en un cajón y que el relato oficial intente justificar lo injustificable. Cada vez que eso ocurre, el mensaje es claro: hay vidas que valen menos. Y no debe ser así. Ha muerto una persona, y eso exige verdad, transparencia, justicia. Exige una investigación independiente, responsabilidades claras y consecuencias reales y legales. No comunicados vacíos ni excusas técnicas. Justicia. Porque si la autoridad que debe proteger al ciudadano se convierte en una amenaza, la democracia se debilita. Y porque aceptar estas muertes como “daños colaterales” nos convierte en cómplices de un sistema que las permite… Y que, hoy por hoy, está liderado por un narcisista megalómano como Trump. ¿Y este aspira a hacerse con el PREMIO NOBEL DE LA PAZ?
#JusticiaParaRenee #NoMásViolenciaPolicial #JusticiaParaTodos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario