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Un jardín llora detrás de mi herida.
Nadie lo ve naufragar.
Sus flores oxidadas
son el preludio de una sinfonía de moho y sal.
He amado aquello que no tiene rostro:
la locura, el eco, la ceniza, el abandono.
Toda belleza lleva un borde afilado;
todo paraíso guarda un ocaso.
No temo al silencio dócil,
sino a lo que deja entrar,
y que convierte
mi corazón en un calvario:
Porque hay nombres que regresan
como pájaros de luto.
©CHARLOTTE BENNET