Convivir con los demás es difícil. Convivir con uno mismo lo es aún más. Aquí no hay normas claras. No hay acuerdos. No hay distancia. Solo estás tú frente a ti mismo y tus propios demonios.
Con los demás, el conflicto se entiende: alguien dice algo y otro responde. Pero dentro de ti casi nunca hay orden. Hay partes que tiran en direcciones distintas. Una quiere avanzar. Otra la frena. Una insiste. Otra se rinde. Y no puedes huir de ti mismo. Ni observarte desde fuera. Todo ocurre dentro, al mismo tiempo. Y es un caos.
Nadie te ha enseñado a manejar eso. A convivir con la duda sin verla como un fallo. A aceptar la contradicción sin sentir que algo va mal. Pero el conflicto no es el error, sino el ignorarlo.Porque algo dentro insiste. Aunque no lo escuches. Aunque lo calles. Aunque sigas. Aprender a convivir con uno mismo no es resolver esa tensión. Es sostenerla. Y entender, quizá, que no eres una sola voz, sino todo eso que discute en silencio en lo más profundo de tu ser como una orquesta sin director, donde cada parte intenta imponerse… Y aun así, de alguna manera, todo suena. Y, quizás, el primer paso no sea entenderte del todo, sino dejar de luchar contra ti mismo, y aceptarte tal y como eres.
Gracias por leer mis letras. Buen fin de. CHARLOTTE BENNET
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