miércoles, 1 de abril de 2026

UNA REFLEXIÓN NECESARIA EN LOS TIEMPOS QUE CORREN

 

     Nos quejamos demasiado… y nos valoramos muy poco. Y no, no es una cuestión de falta de empatía. Es, más bien, una falta de perspectiva… y, en muchas ocasiones, una falta de amor propio. Hemos normalizado vivir en un estado constante de insatisfacción. Nos frustramos por lo que no tenemos o por aquello que ambicionamos, hasta el punto de olvidar lo esencial: lo que sí está, y dejamos que pase desapercibido... Tener salud, un techo donde dormir, un plato de comida, las personas que forman —o han formado— parte de nuestra vida... Eso es importante como poder respirar... Pero vivimos demasiado centrados en nuestras carencias, en nuestros defectos, en compararnos con los demás como si eso definiera todo lo que somos. Y no es así. Es posible que, en algún momento, hayamos sido juzgados y sentenciados por personas que nunca debieron tener ese poder sobre nosotros. Pero ese juicio no define nuestro valor, ni quiénes somos, ni en quiénes podemos convertirnos. Y, desde luego, no debería seguir condicionándonos a querernos. Hay muchas personas que no son conscientes de la valía que tienen porque piensan que son poca cosa. Les han hecho creer eso. Y esto es preocupante. Porque sufrir no debería ser el lugar donde uno decide quedarse a vivir, sino un obstáculo que hay que combatir y superar.

      A veces basta con mirar un poco más allá de nuestra realidad, y ver otros rincones del mundo, donde hay quienes darían absolutamente todo por tener una pequeña parte de lo que nosotros consideramos cotidiano. En serio...

     Vivir una guerra, no tener un lugar donde dormir, pasar hambre o frío, no disponer de ropa o calzado… perderlo todo, o directamente no haber tenido nunca nada. Vivir en la pobreza... Eso sí es demoledor.

     Y no se trata de negar los días malos. Todos los tenemos. Forman parte de la vida. Pero una cosa es sentir, y otra muy distinta es instalarse permanentemente en la queja. No hemos nacido para tenerlo todo, ni ser como los demás quieren que seamos, sino para aprender a valorar lo que ya tenemos… y lo que somos.

    Quizá deberíamos aprender a mirar con más equilibrio, con más madurez, con más sensatez... Comenzar a ayudarnos unos a otros en la medida de lo posible, en respetar y respetarnos a nosotros mismos. Crecer, avanzar...Y, desde ese punto, empezar a construir, sobre todo, a querernos más, sin cargar con el peso de opiniones que nunca debieron definirnos... Pero ello lo reservo para otro post. Buenas noches, lector/a.  :)

                                                               Charlotte Bennet 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

       Nos quejamos demasiado… y nos valoramos muy poco. Y no, no es una cuestión de falta de empatía. Es, más bien, una falta de perspect...