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Toda belleza
lleva un borde afilado;
Todo paraíso guarda un ocaso en llamas.
Toda vanidad es escama.
Pero yo he
amado aquello que no tiene ojos:
la locura, el eco, la ceniza,
el abandono, la soledad,
la tortura, la complejidad…
He abrazado lo que nadie amaba:
el silencio, el suicido de las palabras,
las mentiras disfrazadas en promesas exaltadas.
Me he postrado ante la vida y la muerte;
Y he sollozado detrás de cada herida.
Pero si, alguna vez, pronuncias mi nombre,
hazlo como quien rompe un espejo...
©Charlotte Bennet