jueves, 12 de diciembre de 2013

La dama del espejo

                              
    A mi edad cuando, por el motivo que sea, has tenido una infancia atroz y, se te cierran todas las puertas y ventanas y, la sociedad te oprime, hasta el extremo de asfixiarte con su innata hipocresía, lo único que te queda es: unirte al enemigo o aceptarte a ti misma, pero mentiría si dijera que he hecho ambas cosas porque no es verdad.
   Con mi historia, un tanto peculiar, no pretendo dar pena sino intentar reflejar todo aquello que viví, pues me consta que aun existen personas que, como yo no han superado ciertas etapas de su vida. La mía, por consiguiente, es un constante devenir con sus más y sus menos, pues llevo siglos sumida en una extraña oscuridad, en la que no veo cuándo poder encontrar la luz y, eso que lo he intentado de mil maneras pero el resultado sigue siendo el mismo, es decir, la nada…
   Admito que soy una persona tímida, reservada, pero muy frágil y sensible de cara a la galería. Todo me afecta y no comprendo por qué. Supongo que ello forma parte de mi herencia genética porque...¡qué sino explica mi horrible situación!
   Nací en el seno de una familia humilde. De niña tuve que renunciar a mi formación académica porque tenía que cuidar de mis hermanos pequeños. Estudié hasta cuarto curso de la EGB. Dicha etapa, la recuerdo como una de las peores de mi existencia, pues padecí lo que hoy se conoce como buying, en mi época era, que tus compañeros te esperaban a la salida de la clase para darte una buena tunda, después de humillarte e insultarte. A raíz de ello, descubrí que mi carácter débil me acarrearía muchos problemas pues en la escuela sobrevivía el más fuerte y el más tenaz. Yo morí en el intento…
   Con los años la sociedad, cuyos ademanes insidiosos, resolvió hacerme creer que no valgo nada y que soy poca cosa y tanto que no soy capaz de mirarme a un espejo como Dios manda para poder ver más allá de lo que muchos admiran con vehemencia. He crecido viviendo el rechazo y sintiendo miedo por mi vida. La maldad de mis semejantes me pasó factura en lo sucesivo incluso en el trabajo. Ya en plena etapa de la adolescencia y con el cambio hormonal me vi desbordada caminando sola en este mundo injusto y tan inhumano. 
   Dicen que nacemos para lograr una meta en la vida, la mía era estudiar y ser alguien el día de mañana pero me quedé a medio camino pues mi baja autoestima me relegó a un segundo término y todo acabó como el rosario de la aurora…obtuve el Graduado Escolar pasados la treintena y me matriculé para conseguir el título de Bachiller, porque los míos me animaron a ello que si no…obtuve excelentes calificaciones y, de nuevo, volví a topar con gente horrible que se afanaban en desprestigiarme como si yo tuviera la culpa de haber nacido con una mente privilegiada. Al cabo renuncié y volví a darle la espalda al mundo que tanto daño me había hecho.
   Hoy a mis cuarenta y nueve años aun tengo la misma sensación que años atrás, es decir, de completo vacío. Mis amigos y mi familia me adoran y dicen que soy un encanto de mujer y que tengo muchas cualidades pero, mi corazón y mi mente están dañados, no parece hacer cura para tanta malicia pero no negaré que estoy poniendo de mi parte para superar mis complejos, mis miedos y frustraciones así como quererme como persona y si pudiera dar marcha atrás, probablemente no actuaría como actué ante mis enemigos…

                  


© Propiedad Intelectual. Todos los relatos, novelas y poesías que leéis están registrados. Charlotte Bennet.