martes, 12 de agosto de 2014

Alma en pena

                                   

   Cuantas veces te oí decir que estabas dispuesto a retomar aquello que dejamos en mitad del camino, cada vez, que sentías que me estabas perdiendo. Por ello no dudabas en ponerme la miel en los labios, ofreciéndome aquello que anhelaba y que apenas recibía cuando estaba a tu lado. No obstante sabías cómo encandilarme con tanta grandilocuencia, mientras manipulabas mis sentimientos solo porque eras consciente que por ti yo suspiraba, a pesar de las circunstancias. Por ello me dejaba convencer, doblegándome a la voluntad de este frágil corazón, quien palpitaba sordo y desbocado ante una desbordante emoción que solo yo sentía en lo más recóndito de mi ser…
  Pero aquí me tienes, otra vez, viendo cómo todo vuelve a desmoronarse bajo mis pies, mientras tu ausencia me recuerda que soy un alma en pena perdida en una oscura y profunda laguna, donde me sumergí creyendo tus mentiras…entretanto vuelvo a padecer, en soledad, aquel horrible dolor que tan bien conozco, y que hoy se burla de mí, y de mi sufrimiento, el cual me esclaviza, en silencio, arrojándome a los fríos brazos de una lóbrega sombra recubierta de desamor… 


 © Propiedad Intelectual. Charlotte Bennet.

Atracción

                                    

   Por mucho que la dejadez intentó alejarlos el uno del otro, ésta no lo consiguió dado que se dieron cuenta que aún les unía una creciente atracción, seguida por una irrefutable apetencia surgida entre dos almas confinadas en un mar de recuerdos recubierto de pasión…Sus miradas expresaban, vehemente, lo que sus cuerpos llevaban tiempo anhelando en ardiente deseo, pero ninguno quiso dar el paso por temor a ser rechazado. No obstante, ahora se habían dejado atrapar por un irrefrenable entusiasmo que no conocía límites ni reservas, pues dieron rienda suelta a sus propias emociones…Cuando los labios del hombre se posaron, febrilmente, sobre los de la mujer, ésta palpitó dulcemente ante la premura de aquel beso voraz, que la empujó a pedirle más. Él no dudó en corresponderla con sumo dulzor, incitándola a paladear el sabroso néctar de la excitación que fluía de sus exaltados cuerpos envueltos en jadeos y suspiros entremezclados, aderezados con intensas caricias que los hicieron estremecer, una y otra vez, con cada fogosa acometida la cual les empujó a alcanzar la cresta de aquella maravillosa ola repleta de gozo… 


 © Propiedad Intelectual. Charlotte Bennet.