
Hay momentos en la vida en que deseamos encontrar a esa persona especial con la que poder compartir
nuestra vida. De hecho, cuando creemos hallarla no dudamos en llevarlo a cabo... De esta manera algo en nuestro interior se desata y estamos en un estado de enajenación permanente puesto que pensamos
constantemente en la persona amada. No podemos evitar dejarnos atrapar por la magia del momento y por la creciente pasión que
emerge desde lo más profundo de nuestro corazón, el cual nos alienta a darlo
todo. Embriagados por la felicidad no
dudamos en inmortalizarla y propagarla a los cuatros vientos, pero nadie nos aseguró que semejante
dicha fuera a ser eterna salvo en raras excepciones. Si acaso cuando la sombra del desamor
emerge todo parece desmoronarse a nuestro alrededor incluida la
ilusión y la esperanza. En un abrir y cerrar de ojos nos vemos envueltos en una
espiral de sufrimiento. Vemos cómo el amor se desvanece y damos la
bienvenida a la amargura e infelicidad. Agonizamos
ahogándonos en nuestro propio desconsuelo...Solo los recuerdos
nos salvan mientras tratamos de encontrar alguna cura para nuestras heridas.
Ciertamente
el amor tiene dos caras: una amable y otra menos agradable. Amamos
porque nos lo dicta el corazón no la razón pero lo cierto es que nadie muere de amor, solo se sobrevive del mejor modo posible.
Dedicado
a Breathing From Words. :)
© Propiedad Intelectual. Charlotte Bennet.