sábado, 5 de julio de 2014

Lágrimas



                                
  Le he implorado a mi corazón que te olvide para que pueda enterrar este sufrimiento que atormenta mi ser, arrojándome al borde de la locura, la cual me esclaviza y tortura haciéndome parecer un espectro errante sujeto a una triste condena…pues dí todo cuando poseí, quedándome a merced de la más aciaga frustración…dado que fui yo quien de ti se enamoró, perdidamente, por más que traté de evitarlo, sin embargo, aquí estoy, vencida por la sombra de mi propio lamento, que me incita a beber estas lágrimas de auténtico pesar, que arrasan mi interior como si de una cruel tormenta se tratara, a la que apenas sobrevivo, ya que no quiero permanecer así por más tiempo; asediada por esta indolencia que consume mi alma, quien ruega a gritos que la rescaten de semejante oscuridad...
  Es por ello por lo que decido marcharme sola y en silencio, el mismo que ahora impera junto con un cúmulo de recuerdos, que me acompañan allá donde quiera que vaya, y es que este amor caló tan hondo en mi, y tanto que mantuve la esperanza de poder tenerte, pero te fuiste desvaneciendo a medida que iba abriendo mis ojos solo para percatarme de lo vacías que tenía mis manos, y lo profundas que eran estas heridas que ahora sangran de mi pecho...

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 Con este post me despido, momentáneamente, de todos vosotros no sin antes agradeceros las constantes muestras de afecto y consideración que habéis tenido hacia mi persona y escritos. Nos leemos a la vuelta, amig@s…¡feliz verano! ¡¡Muchosss besosss!! :)

  
 © Propiedad Intelectual. Charlotte Bennet.

Una vez más

                               


   Intentamos no pecar de ingenuos, sin embargo, caemos, en el horrible tentación de cometer los mismos errores, una y otra vez, como si no tuviéramos nada mejor que hacer. De hecho cuando nos percatamos de nuestro gran tropiezo, advertimos que no hemos aprendido la lección. Si cabe entonamos, entre sollozos y brotes de arrepentimiento, el mea culpa solo para ahuyentar estos demonios que acechan nuestro corazón hasta el extremo de despedazarlo, mientras hacemos de una simple gota de agua, todo un aguacero, pues nos afligimos sintiéndonos poca cosa a manos de quienes no valoran nuestra acción, correcta o incorrecta, ¡qué más da!… 
   Y es que el ser humano es un animal racional, excesivamente complejo,  dotado de virtudes y defectos, en su mayoría, inconcebibles y devastadores para sus semejantes, a los que trata de dominar bajo un aciago manto de ferocidad y violencia en un mundo, cada vez, más inseguro para una generación desmotivada y perdida en los oscuros túneles de la indignación y la protesta por conseguir aquello que nos pertenece por derecho propio,y que tanto se nos niega por mera ambición. Sin embargo, nadamos a contracorriente, aferrados a la esperanza de poder alcanzar la orilla, en medio de una fuerte ventisca de piratería, ávida por despojarnos incluso del aire que respiramos...No obstante, tratamos de emerger a merced de nuestras propias fuerzas que van flaqueando, dado que apenas nos queda nada, salvo sobrevivir a esa vorágine que subyuga nuestras almas de un modo espeluznante… 
   Aun cuando todo parezca más que perdido y acabado, lidiamos por salir airosos de esa terrible tormenta, continuando, así, nuestro camino del que hacemos toda una experiencia, a sabiendas que, una vez más, volveremos a tropezar y caer irremediablemente...


 © Propiedad Intelectual. Charlotte Bennet.

jueves, 3 de julio de 2014

Las dos caras del amor

                 
  
                                      
   Hay momentos en la vida en que deseamos encontrar a esa persona especial con la que poder compartir nuestros sueños, de hecho cuando creemos hallarla no dudamos en llevarlo a cabo. No en vano cuando el amor surge, algo en nuestro interior se desata de un modo extraordinario, en medio de un estado de enajenación permanente, pues pensamos, constantemente, en la persona amada, mientras suspiramos devotamente por ella, sobre todo cuando el sentimiento es recíproco. De hecho no podemos evitar dejarnos atrapar por la magia del instante, desbordados por una creciente pasión que emergen desde lo más profundo de nuestro corazón, el cual nos alienta a darlo todo, sin reserva alguna, ansiosos por ser correspondidos como es debido, en mitad de una embrigadora felicidad, que nos colma con momentos inolvidables que no dudamos en inmortalizar, haciendo de ellos todo un valioso tesoro, que guardamos celosamente bajo llave...aun así, nadie nos aseguró que semejante dicha fuera a ser imperecedera, salvo en raras excepciones. Si acaso cuando la sombra del desamor, emerge traicionera, todo parece desmoronarse a nuestro alrededor, incluida la ilusión y la esperanza. En un abrir y cerrar de ojos nos vemos envueltos en una espiral de sufrimiento, viendo cómo el amor va desvaneciéndose, para dar la bienvenida a un abismo de completa amargura e infelicidad. Agonizamos ahogándonos en nuestro propio sollozo, mientras echamos la vista atrás…solo el recuerdo permanece latente, alentándonos a vagar como almas en pena, en busca de un bálsamo con el que poder sanar nuestras heridas, aunque, a veces, creamos que la cura está al lado de quien no podemors olvidar por más que lo intentemos, dado que nos vemos cegados, por este sentimiento universal que nos empuja a cometer auténticas locuras, sin control aparente... 
  Ciertamente el amor tiene dos caras: una amable, otra menos agradable, independiente de cualquier otro tipo de obstáculo que nos podamos encontrar a nuestro paso... amamos porque así lo dicta el corazón, que no atiende a razón por más que se le trate de silenciar, pese a ello hay quienes osan a arriesgarse, a sabiendas que pueden  ganar o perder una ardua batalla plagada de sentimientos y emociones, pero lo cierto es que nadie muere de amor, solo se sobrevive…
              
                  Dedicado a Breathing From Words, con todo mi afecto. :)


© Propiedad Intelectual. Charlotte Bennet.  

miércoles, 2 de julio de 2014

Mero espejismo


                                  
  Trazaste una vereda recubierta de esperanza permitiendo que me ilusionara, apasionadamente, con todo lo que hallé a mi paso, incluida tu esencia la cual me deslumbró por entero, alimentado mis emociones que fluían desbordados por la intensidad del momento, solo para dejarme a merced de un tormento que fue envenenando mi alma, cada vez que te oía decir que me amabas, cuando solo vendías cortinas de humo con las que encubrías una dolorosa realidad, la cual causó estragos en mi ser. No obstante, aprendí a disfrazar mi pesar aferrada a mis sentimientos, quienes se negaban a quererte perderte, aun cuando una parte de mí se sublevaba para que me deshiciera de ese aciago dolor que asolaba mi corazón…
    Y lo hice…sin pensar que ante mí se estaba abriendo otro funesto abismo, dado que no logro olvidar el daño que me hiciste, mientras intento acostumbrarme al roce de otros brazos, que me envuelven con infinita ternura y pasión, ofreciéndome la luna y el firmamento en cada ocasión…algo que nunca hiciste a pesar de haberte idealizado como el hombre perfecto que luego resultó ser un mero espejismo…


 © Propiedad Intelectual. Charlotte Bennet.  

martes, 1 de julio de 2014

Nada soy



   
                            
  Siento cómo mi alma decae, paulatinamente, desde que supe que no podré tenerte, por más que intenté robarle tiempo el tiempo, quien no quiso detenerse dado que todo siguió su curso, siendo yo el único que quedó  atrapado y perdido en medio de un paisaje agreste, donde nunca parece ponerse sol, con el que poder secar estas terribles heridas que siegan mi corazón, ya que  nada poseo…
  Ni nada soy… si no te tengo.
 Me atraganto en mi propio sufrimiento, al ver cómo todo se desmorona a mí alrededor, incluida la ilusión quien enmudece ante tanta consternación. Tiemblo cegado por el desaliento de no saber qué hacer, para poder recuperar aquella complicidad con la que contábamos, cuando aquel bello sentimiento nos encumbró al más sublime altar, donde, tiempo atrás, juramos que lo nuestro nunca moriría, sin embargo, hoy soy yo quien muere en una lenta agonía…



 © Propiedad Intelectual. Charlotte Bennet.