jueves, 9 de enero de 2014

Dame tu amor





¡¡¡¡Porrrrrr finnnnnnnnnnnnnn!!!!   

    ¿Cómo estáis? Yo, contentísima porque, al fín,. los de Telefónica, se han dignado a solucionar la dichosa avería y, más que nada, deciros que os echado muchíiiisimo de menos...espero que vosotros a mí, también...jajjaja.
    Bueno, que no quiero enrollarme, que me conozco...jjajajja....el relato de hoy lo escribí la semana pasada, no voy a contar el argumento pues me fascina que lo descubráis por vosotros mismos...ojalá os guste!!!! Besoss a montonesss!!!!
                                          


    Me paseo inquieta por mi pequeña cuarto sin más deseos que echarme a llorar pero del disgusto que tengo. La vida no puede tratarme del peor modo posible pues en el salón se encuentra tía Mildred reunida con lady Ashley Durham, duquesa viuda de Westworth, madre de lord Victor Durham, duque de Westworth, de lady Annette, de lady Emily, de lady Sophie y lady Priscila, todas ellas felizmente casadas, excepto su señoría quien aun sigue aferrado al pasado pues, al parecer, su prometida, lady Arabela, murió ahogada en un lago cercano a su casa en Essex, sin embargo, las malas lenguas apuntaban a un terrible suicidio incentivado por el propio duque.
   Sea lo que fuere, siempre he tratado de mantener la distancia con su excelencia, apenas hemos intercambiado una o dos palabras durante el tiempo que iba a tomarle  medidas a sus hermanas, puesto que tía Mildred y yo hacemos encargos de costura a los vecinos de las fincas de al lado. Y, de un tiempo a esta parte, hemos aumentado el número de clientas gracias a las recomendaciones de la familia Durham…
   Aún así no voy a negar que incomoda notoriamente la presencia de lady Ashley pues sé, de antemano, el motivo de su visita. Ayer, sin ir más lejos, lady Annette me informó, en petite comité, que el témpano de su hermano iba a pedir mi mano. Recuerdo que me pinché con la aguja mientras cogía el bajo de la falta estampada que le confeccioné, mi corazón dio un gran vuelco y, a punto estuve de desmallarme pero de la angustia. Pues de todos los hombres que hay sobre la faz de la tierra es, precisamente, lord Victor, quien menos me agrada ya que es un caballero de lo más antipático y frío que jamás haya conocido. Por dar, no da ni los buenos días...¡qué barbaridad!
   Oigo como la puerta de mi cuarto se abre y se cierra, me giro y veo que es Lucy, nuestra querida doncella. Dice que mi tía me aclama en la salita familiar. No puedo evitar sentir náuseas pero me aguanto. Me pellizco las mejillas para dar cierto color a mi pálido rostro. Bajo las escaleras sintiendo que mi corazón late estrepitosamente. Estoy asustada y, más que nada, muy disgustada pero esbozo una leve sonrisa  nada más llegar al salón. Mi tía y lady Ashley están conversado animadamente, las saludo cortésmente sobre todo a la duquesa viuda realizando una imporvisada reverencia. La dama me tiende la mano y me dice que me siente su lado ya que tiene que comunicarme una buena noticia, trago saliva espesa y le envío una mirada furtiva a mi tía la cual sonríe embelesadamente. ¡No habrá sido capaz! Me digo.
-Imagino, mi querida niña, que sabrás el motivo de mi repentina visita…-me dice lady Ashley con una sonrisa de oreja a oreja.
   No voy a jugar al despiste porque lo sé de antemano.
-Sí, milady…-la duquesa viuda me mira fijamente a los ojos. Su ternura y su buen sentido del humor siempre me han agradado. 
Me coge las manos entre las suyas.
-Y…bien…¿cuál es tu respuesta ?
   Mi respuesta es un no rotundo pero miro a tía Mildred cuya mirada plagada de ilusión hace que me desestabilice por completo. No quiero defraudarla porque ella cuidó de mi cuando mi deshonroso padre nos abandonó a mi madre y a mí. Poco tiempo después, mamá enfermó gravemente para luego morir. Tenía solo cinco años…recordar mi triste infancia, motiva que mis ojos se inunden de lágrimas…además, tía Mildred es una señora mayor, apenas puede valerse por sí misma y para más inri,  nuestra casa se está cayendo a trozos sobre todo el tejado que es viejo. No negaré que tía Mildred merece una vida mejor y eso que nunca, jamás he sido he sido una interesada pero el paso que voy a dar no voy es por su bienestar y sé que es una locura lo que voy a contestar pero:
-Sí, acepto, milady…
   La duquesa viuda, sonríe feliz y, en cuanto a mi tía, no duda en echarse a llorar pero de la emoción…
   Aquel día, la vida de tía Mildred y la mía cambió y, tanto pues una vez convertida en duquesa de Westworth, ella y Lucy, optaron por quedarse al convite en la mansión victoriana de mi suegra. Me resulta extraño llamarla así, incluso saber que tengo una extensa familia política. En cuanto a mi…mi esposo siento que estoy a años luz de él. Sigue igual de frío y distante que de costumbre. De hecho, después del enlace apenas intercambiamos una o dos palabras y porque yo, motivada por un repentino ataque de charlatanería, me puse a hablar con él. Si acaso en un momento dado, me dio la espalda y se puso a charlar con su mejor amigo, lord Charles Hamilton mientras yo hice le propio con lady Carrintong quien me presentó a su amigo lord Wallace. Jamás olvidaré semejante bochorno.
   Ahora nos estamos dirigiendo a nuestro nuevo hogar. Bueno, es más suyo, que  mío, yo solo contribuí en la elección de los muebles, las alfombras y las cortinas asesorada por mis cuñadas. En lo demás, soy solo una arrimada…
  No hemos hablamos en todo el bendito trayecto a Westworth House, si cabe, me froto las manos para entrar en calor y, ni aun así, el zoquete de de mi marido, hace el intento de preguntarme si tengo frío. Suspiro recordando las palabras de Annette sobre que debo de tener paciencia con su hermano, me río de mí misma…el carruaje se acaba de detener. Victor se apea mientras Northrup, el mayordomo, sostiene la portezuela, nos da la bienvenida. Le doy las gracias. Mi esposo me mira con  cara de pocos amigos...¿qué he hecho ahora? Me pregunto siguiéndole detrás mientras la servidumbre nos hace una reverencia a nuestro paso…me apena que aún estén despiertos a esas horas y así se lo hago saber al cascarrabias de mi marido. Me vuelve a mirar como si acabara de decir una tontería. Está enfadado y mucho. Subimos la  larga escalera que conduce a los dormitorios. Cierra la puerta una vez que estamos dentro. Me aterra quedarme a solas con él pero he de cumplir con mis votos maritales y darle ese heredero que tanto ansía. A cambio, él ha resuelto que tía Mildred y Lucy vivan con nosotros. Ese es el precio que he de pagar…estoy temblando de miedo cuando le veo despojarse de su chaqueta negra con la habilidad de un felino…
 -Necesito a…a una de las doncellas para que me ayude a desvestirme…-le digo abrazada a mí misma para controlar mi incipiente temor. He oído historias sobre la noche de bodas que no me han dejado diferente. Solo espero que mi esposo sea cuidadoso…
-¿Acaso no te sirve mi ayuda?...-Brama con los ojos inyectados de sangre. Pego un respingo mientras mi corazón late de un modo aterrador.
-No, pensé que…que…-titubeo al verle plantado ante mí. Me acaba de despojar de la flamante tiara de diamantes y esmeraldas ducales perteneciente a su bisabuela. La deja sobre la mesita de noche. Me retiro el velo y lo dejo sobre la silla que hay junto a su escritorio.
-Date la vuelta…-me ordena de muy malos modos. Mi corazón es un tambor de hojalata. Retumba contra mis frágiles costillas. Estoy a punto de llorar. Esto no era lo que yo imaginaba. Pensé que mi noche de bodas sería mágica...si cabe me despoja del vestido de novia, solo llevo puesto el corsé, la ropa interior y las medias de seda blancas y los zapatos de tacón…todo ello desaparece ante la creciente habilidad de mi esposo quien me mira de pies a cabeza pues estoy como Dios me trajo al mundo. Mis mejillas arden de pudor. Me acaba de soltar mi melena rubia, la enrosca en su mano y tira levemente de ella hacia atrás…sus ojos de un gris intenso recorren mi rostro redondeado de labios finos y nariz alargada. Trago saliva espesa al ver como frunce el ceño y aprieta su mandíbula. Está enojado -. ¿Qué hacías charlando con el indeseable de Wallace Potter? ¡Contesta!
   Ah, su enojo se debe a eso…
-Yo…solo conversaba…-tira un poco más de mi pelo.
   Duele.
-¿Sobre qué?
-De música…-boqueo al sentir su aliento rozando mis labios. Su rostro de facciones perfectas es ahora una máscara de hielo. ¿Qué le pasa?
-Y…¿qué más?...-me grita.
   Tengo ganas de llorar.
-Y de la fiesta campestre de lady Harley que tendrá lugar la semana que viene…¿por qué? ¿Qué te pasa, Victor?
    Me ignora deliberadamente.
-¿Has quedado para verte?
-¡No…!-exclamo indignada. Me mira fijamente- .Victor, ¿qué pasa?
-¡Si te vuelvo a ver al lado de ese miserable, juro, por Dios, que le mataré! Y, en cuanto a ti…-me mira de pies a cabeza-….regresarás al lugar de dónde has salido…
   Boqueo cuando me suelta de golpe solo para desaparecer tras una puerta de acceso que da a otro cuarto.  No tardo en romper a llorar y, esa no sería la única vez que lo haga, sino que hubo otros momentos similares en los padecí el enojo y la indiferencia de mi esposo.
    No en vano mi primer mes de casada transcurre con una terrible parsimonia. Él y yo apenas hablamos o conversamos, es más, los dos apenas nos vemos más que nada porque suele viajar, con frecuencia, para ver el estado de todas sus propiedades. Si cabe la visita de mis cuñadas y mi pobre suegra, me devuelven la sonrisa que creo haber perdido junto al hombre con que me casé. De hecho no he podido evitar confiar mi tristeza a Annette quien me ha confesado que lord Wallace tuvo el descaro de presentarse al convite solo para provocar a mi marido. Al preguntarle a mi cuñada sobre el repentino odio entre ambos caballeros, Annette me dijo que lord Wallace sedujo a lady Arabela la cual tras enterarse que estaba esperando un hijo suyo, intentó volver con mi esposo quien no dudó en repudiarla, de ahí que acabara arrojándose al río.
    La historia en sí causó estragos en mi alma y me compadecí plenamente de la pobre lady Arabela. Comprendí el enojo de Victor durante nuestra nefasta noche de bodas pero yo no tenía culpa de lo que había sucedido… no en vano, semanas más tarde, traté de propiciar un ligero acercamiento entre nosotros. Le dísuadí para que diéramos un paseo por la propiedad y, como de costumbre, fui yo la que más abrió la boca durante todo el recorrido. Si acaso, en un repentino ataque de impulsividad, me detuve, él hizo lo propio...y fue cuando sostuve su bello rostro entre mis manos y, le rogué que me hablara pero lo que conseguí fue que me rechazara alegando que tenía asuntos más importantes que atender.
               

   Si acaso me dio un beso en la frente y se ausentó como alma que lleva el diablo. Estuvo dos días ausente y cuando regresó se encerró en su estudio. Nuevamente traté de seducirlo. Acudí con un cesto lleno de frutas que la señora Jacobs me proporcionó y lo que conseguí fue que me volviera a rechazar.
   Finjo estar feliz ante nuestras amistades y la propia familia pues es el único momento en que más cerca lo noto de mí y me aprovecho cogiéndole de la mano. Luego, a solas, parecemos dos auténticos extraños para, más tarde, acabar llorando en mi cuarto, evocando la tranquila vida que tenía antes de conocerlo..
  Tía Mildred ha resuelto quedarse una temporada a vivir con mi suegra a petición de ésta. Ambas se llevan muy bien, eso al menos, me alegra, pues lo que menos quiero es que mi tía me vea llorar por las esquinas y en la más absoluta soledad…
   Los largos paseos por Westworth House apenas me dan la paz que necesito. Cuidar de mis flores en el invernadero me consuelan en medio de esta creciente inquietud. Aun no entiendo el motivo de que él esté así conmigo. Si acaso aun no hemos consumado nuestra unión y, ciertamente, es humillante el desplante y el rechazo al que me somete, casi a diario. 
   Por eso aquella mañana, cansada ante semejante situación y tras tres meses de matrimonio, resolví escribirle una nota solicitando poder hablar con él, en mi cuarto, seguido de una carta. No tardó nada en presentarse en mi recámara hecho una furia. Esa vez no tiemblé sino que …le miré y sentí compasión por él y, más que nada, por mí misma...
-¿Qué significa esto?...-me pregunta blandiendo la carta.
   Giro mi rostro y aguanto mi desdicha.
  No pienso desmoronarme ante él. Lo haré cuando llegue a casa. A mi verdadero hogar… 
-Regreso al lugar de donde nunca debería de haber salido. Al menos ahí fui feliz, Victor…-le respondo de pie junto a la ventana. Con mi capa y sombrero puesto. 
   En una apartada esquina de la opulenta recámara están todas mis pertenencias. Pienso irme. Le guste o no a él. Oigo como da un portazo. Eso es señal que está muy enojado. Pues que se aguante, me digo. De hecho no duda en cruzar la habitación para plantarse delante de mí. Su ira es bien palpable pero, esta vez, es contenida lo cual  me incita a explayarme y expresar mis sentimientos mirándole a los ojos que son tibios y opacos.
- Admito que acepté tu petición de mano motivada por un acto de generosidad hacia mi tía quien siempre cuidó de mí. Quería darle una vida de ensueño y me alegra, saber que tu madre la ha acogido de buen grado pero, descuida, ella y yo volveremos a ser las que éramos antes. No te exigiré nada ni ahora ni nunca. Puedes estar tranquilo en ese sentido, no hablaré con nadie sobre nuestra horrible convivencia. También…también tienes mi…mi permiso para…para decirles a todas tus amistades que…que yo no era lo que esperabas y que acabé por decepcionarte profundamente…-tiene ganas de estrangularme, en lugar de ello estruja con su puño de acero la carta. Pestañeo con el corazón latiendo a toda prisa-….ciertamente me hubiera gustado que hubiese habido más comunicación entre nosotros porque ello había mejorado nuestro matrimonio pero, en vista de las circunstancias, tu indiferencia y frialdad conmigo ha destruido cualquier atisbo de esperanza…-frunce el ceño. Está al límite de su paciencia-…lo…lo que trato de decir es que, me hubiera gustado tener una relación repleta de amor y pasión, algo a lo que tú has rehusado abiertamente a darme…-trago saliva espesa y es cuando le veo alejarse pero a la puerta, esta vez, echa el cerro-.¡Victor!...-exclamo pues ha empezado a desnudarse repentinamente ante mis asombrados ojos.
   Me cubro el rostro con ambas manos toda avergonzada…
-Mírame…-me dice con voz grave, retirando mis manos que cubren mi rostro. Tengo las mejillas ardiendo pues nunca he visto un hombre desnudo-…quiero que admires mi cuerpo del mismo modo que yo lo hago con el tuyo…-¿quéee?-. Sí, mi hermosa esposa, duermo abrazado a ti todas las noches...-pestañeo atónita-...admito que echo de menos que vengas a visitarme a mi estudio y trates de seducirme como solo tú lo sabes hacer…-me está acariciando la mejilla con su cálido mano y yo me derrito ante la brillantez de su mirada etérea -...he sido un completo necio al rechazarte pero tenía temor de amarte y que todo fuera un sueño por eso opté por levantar un muro entre tú y yo…- me emociono sin más-...no, no quiero que llores, solo que me perdones por cómo te he tratado, no merecías que me comportara así contigo…te amé desde el primer día que te vi, tu buen sentido del humor y tu bondad me cautivaron, de inmediato pero…durante el convite, te vi charlando con aquel miserable y, me cegué…
-De haber sabido que era persona non grata para tí, habría evitado conversar con él…lo siento, Víctor -me está pasando distraídamente el pulgar por el labio inferior, se lo beso…no duda en hacer lo propio con mis labios mientras me va despojando de todas mis prendas…
-Vino al convite solo para provocarme…-me da un beso en mi hombro desnudo solo para atraerme por la cintura hacia él…
-Hiciste bien en no entrar en su provocación, siempre he dicho que eres un hombre muy discreto e inteligente…-me está acariciando la espalda desnuda con sus cálidas manos, noto el roce de su mástil contra la suavidad de mis genitales. Jadeo…me besa en la boca después de meses separados y la sensación es hermosa a la par que fascinante…
-Dices eso mismo porque eres mi mujer…porque lo quieres seguir siéndolo…¿verdad?-Me ruega posando su frente contra la mía, acaricio sus potentes brazos que me envuelven en un prometedor abrazo.
-Sabes que sí, Victor…¿acaso no te lo demostrado desde un primer instante?
  Asiente fascinado besando mi cuello con besos largos y profundos. Me lleva a la cama y ambos caemos sobre ella, mi esposo se acomoda entre mis piernas, me besa con un ardor incontrolado…
-Prométeme que nunca me dejarás…
-Te lo prometo solo si tú me das tu amor…
-Lo tienes desde el primer instante en que te ví, hermosa mía…
  Suspiro embelesadamente sintiéndome feliz y dichosa en medio de una creciente oleada de pasión y entrega…  
            


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