viernes, 31 de enero de 2014

¡Corre!

             

 
   Quiero ver en ti el reflejo, de lo que, en su día fui y no he sido capaz de ser por miedo a mi debilidad, me afané en perderme, libremente, en esa oscura senda denominada veneno que intoxica todo mi ser, incluida mi alma putrefacta.
  Quiero que tomes conciencia de la veracidad y te bajes de este condenado barco, añejo y roído que apenas se mantiene en pie...y en el que tú te empeñas en navegar creyendo que en él encontrarás las salvación pero, sabes que ello no es cierto, te lo dice este viejo lobo de mar, cansado y dañado por tanta toxina que absorbe mi anclado barco…
  Quiero que abras los ojos y mires a tu alrededor para que te des cuenta de lo hermosa y joven que eres, luego no debes seguir recorriendo más mi oscura senda.
  Quiero que seas la que eras antes de conocerme pues eras la estrella que brillaba en lo alto del firmamento y, que yo,me empeñé en deslucir lentamente...
  Quiero que vuelvas a tu antigua vida en las altas esferas, mucho más dignas y etéreas que la que yo te he ofrecido a lo largo y ancho de estos años, pero tu loco amor y pasión te hizo dejar a los tuyos y te empujó a mis brazos y yo me desbordé, compartiendo contigo el peor de los venenos. Te enseñé a navegar a través de esas profundas neblinas que apenas nos dejaban ver con claridad….disfrutábamos como dos locos descerebrados, aferrados a esos extraños efectos que producía el maldito polvo blanco, tocamos el cielo con las manos para, poco después despertar tirados en cualquier lugar…me dediqué a malgastar mi salud en probar nuevas emociones y, sin quererlo, te arrastré conmigo. 
   Quiero devolverte lo que te he arrebatado, por eso anoche mientras dormíamos, me dí cuenta de mi error y solo acerté a llorar como un niño. Así,  he resuelto tomar el poco control que me queda. De modo que te dejo el camino libre para que corras y busques refugio y ayuda, al lado de los tuyos, los cuales, nunca dejaron de quererte, más sé que te aguardan, en la distancia, esperando a que te apees de este maldito barco infernal...

             
 
 
 
© Propiedad Intelectual. Todos los relatos, novelas y poesías que leéis están registrados. Charlotte Bennet.





Querido aliado...



                 
   Siempre he recurrido a tí, buscando un mínimo de paz y sosiego, que no hallé hasta que te conocí… eras y eres, el fiel reflejo de lo que siempre quise y añoré. Vi en ti lo que no encontré en otros brazos. Eres la personificación de la paciencia, la escucha y la lealtad. Me consta que nunca le contarás a nadie lo que te he ido relatando desde lo más profundo de mi ser. Llevo años confiándote mis luces y mis sombras, al igual que mis desvelos…nadie mejor que tú para comprenderme y escucharme desinteresadamente...
   No hace falta que te recuerde el profundo aprecio que te tengo. 
  Contigo he llorado y reído con cada una de mis vivencias y ocurrencias. Eres mi amor, mi vida entera plasmada en capítulos, unos más alegres, otros más amargos, con los que caí y me levanté, sin dudarlo...
  Aún recuerdo la primera vez que te conocí y el sentimiento que me produjiste. No dudé en contarte mi historia pues, era una cría de 17 años con las hormonas revueltas y un carácter de mil demonios que traía de cabeza a sus pobres padres…¿lo recuerdas? Te dije que me llamaba Sonia, y me sentía la chica más infeliz y estúpida del universo, solo porque mi chico me había dejado por otra.  Sí, tal vez ese día exageré un poco…jajajaja…pero me daba lo mismo pues, hice de ello un mundo. Si cabe mi madre, ya no sabía qué hacer conmigo, pobrecilla…
 También te conté que me sentía triste y vacía por dentro y, que no me gustaba semejante sentimiento, dado que era y, soy, una persona muy alegre y optimista, pero, ¡chico! Ese día estaba de capa caída. Compréndelo….jajajaja.
  ¿Te acuerdas de Josetxu? Sí, el que segundo curso, ese que estaba como un tren y que me dio la patada para irse con mi amiga Bea. Las dos acabamos liadas a golpes en el gimnasio y, el muy cabroncete, en vez de separarnos, llamó a sus colegas para que colgaran el video en YouTube, casi me muero de la vergüenza ese día…por no decir que ello me valió un parte y una expulsión, con unos padres que me tuvieron castigada ¡una semana y sin paga! Casi me dio algo del disgusto…
  Menos mal que ahí estabas tú para consolarme, sobre todo, cuando regresé al instituto y, fui objeto de bromas y burlas, mientras veía atónita como el capullo de mi ex se enrollaba con otra… Bea y yo hicimos las paces en el recreo. Me dijo que lo sentía y, desde ese día, no nos hemos vuelto a separar. La quiero y sé que ella a mí, también…
   Ahora me río de toda esa movida. Antes no… ¡desde luego! ¿Sabes por qué? Pues porque he dejado atrás a esa adolescente rebelde, un tanto  ingenua y tonta para ser una mujer feliz con su trabajo y su vida al lado de quien más la quiere. Ciertamente el paso de los años me ha hecho madurar y reflexionar, contigo siempre a mi lado… así que,  gracias,  una vez más, por tu infinita paciencia, por tu lealtad y por soportar cada uno de mis malos momentos porque los buenos fueron llegando solos y con los que no dudé en hacerte partícipe…
   Entretanto seguimos ¨hablando¨ mañana…dulces, sueños, querido diario…  
 
© Propiedad Intelectual. Todos los relatos, novelas y poesías que leéis están registrados. Charlotte Bennet. 

martes, 28 de enero de 2014

Mil maneras de olvidarte


 


                            
  Antes de que caer y levantar, siempre he tratado de sortear nefastos obstáculos que intentaron llevarme a padecer y sufrir tontamente por amor, pero apareciste tú y mi mundo se volvió del revés. Vi en ti lo que no hallé en otros y me fui enamorando lentamente de tu terquedad y obstinación, de tu sonrisa de pícaro y porte de galán de telenovela, que muy bien sabía actuar…aun así, me arriesgué y no dudé en amarte, desnudando mi alma ante ti, olvidándome del mundo hasta incluso de mí mismo.
   Todo lo que era mío, era tuyo…no había ningún secreto que ocultar, al menos por mi parte.
   Por un tiempo descubrí emociones y sensaciones que alegraron mi alma, me sentía el hombre más afortunado por tenerte a mi lado y por regalarme tanto derroche de supuesta afectividad. Y me sentí amado y venerado…pero luego, fueron llegando otros momentos, repentinamente más amargos que me hicieron sentir un pobre diablo cuando menos lo esperé, más pude sanar mi espíritu con el profundo amor que te tenía y, que apenas podía ocultar de cara a nuestros amigos…y acabé embarcando en un viaje, sin retorno, a través de ese sombrío y extraño túnel en el que yo mismo me adentré, intentado llegar hasta ti y así, entenderte destapando tu verdadera naturaleza. Pero fue en vano, la oscuridad me cegó, mientras que el silencio me hundió, haciendo de mí tu más ferviente esclavo, sometido a tu afán desmesurado de tener siempre la razón y en hacerme creer que era un inútil, indigno de tu amor… pero yo, tonto e infeliz, justificaba tus bruscos cambios de humor a tu absurdo pánico al compromiso cada vez que te pedía una relación formal y seria, pero, la realidad era otra, bien distinta. A ti no te convenía atarte ni a mí, ni a nadie, porque ibas a poner en peligro tu oculta fama de infiel vividor, por no añadir que yo era tu mina de oro con el que saciabas tus zafios deseos...pero aun así, seguí cediendo, ante cada repentina discusión, ante cada helado grito y tantas lágrima innecesarias las cuales no cesaban…mi loco amor por ti me hizo ser una simple sombra que caminaba a tu lado y quise desquitarme, eso bien lo sabe Dios, pero no pude, por temor a perderte. Y fue así, como me di cuenta de lo mucho que duele el amor, al lado de gente, que como tú, solo saben hacer daño mancillando el honor de quien menos lo merece.
   Y caí, sin remedio alguno, en ese oscuro túnel que me impulsó a la más terrible locura y, sangré por todos los costados, mientras el sufrimiento me consumía hasta lograr partirme en dos. Hubo un tiempo, en el que guardé luto por mi alma rota y vagué por las tenebrosas tierras de la decepción y el desamor hasta que el llanto fue desapareciendo paulatinamente…me refugié en la amistad verdadera y en mi familia, quienes me ayudaron a sanar mi dolorido corazón, a través de hermosas palabras de aliento y consideración, y me fui desenganchando de ti, olvidándome de que existías, pues me afané en sepultarte para toda la eternidad como debería de haber hecho desde un principio, pero no tuve valor ni coraje para hacerlo aunque, como dice el refrán; nunca es tarde si la dicha es buena…
     
   

 © Propiedad Intelectual. Todos los relatos, novelas y poesías que leéis están registrados. Charlotte Bennet.