martes, 22 de abril de 2014

Penumbra

               



   Me embarqué en una complicada y delicada cruzada, intentado paliar las necesidades y los sinsabores de quienes padecieron la reclusión y el rechazo de una sociedad, cada vez, estancada en los albores de la ignominia y el descontento…si acaso, luché, en cuerpo y alma, tratando de derribar barreras para instaurar la igualdad y la tolerancia entre mis semejantes pero morí y resucité en el intento, al verme reducido a una vertiginosa espiral de frustración y obstinación por alcanzar, finalmente, la anhelada meta, la cual me alejó de lo que más quería, sin que yo me percatara de ello. Solo el silencio, oscurecido y enmudecido, que asola las paredes de mi hogar, ahora vacío y en penumbras, hizo que me diera cuenta de mi triste realidad pues, sin ti, mi existencia se ha tornado gris seguida por un abrumador tormento y una terrible melancolía, que me empujan al más aterrador vacío, mientras ansío, desesperado y abatido, el poder recuperar lo que teníamos, antes que mi descuido nos separara de una manera inesperada…
  No en vano, necesito que estés a mi lado y que me devuelvas, a la vida pues siento que desfallezco, cada vez que te evoco con lágrimas en los ojos, mientras mi corazón se agita en espasmos de completo dolor y sufrimiento, los cuales oprimen mi alma, solo por haberte perdido, sin tan siquiera quererlo…
  Aun cuando, hoy deba de recoger la cosecha que sembré, entre vítores y aplausos de quienes ven en mí a todo un benefactor, la sombra de tu ausencia asola mi ser de un modo demoledor, pero no pierdo la esperanza de recuperar tu amor, pese a que ésta decaiga, por momentos, en medio de tanta incertidumbre...



 © Propiedad Intelectual. Todos los relatos, novelas y poesías que leéis están registrados. Charlotte Bennet.  

lunes, 21 de abril de 2014

Condena

                        


  Me perdí, sin darme cuenta, en la profundidad de tus delirios, mientras me encumbrabas, sutilmente, solo para arrojarme al infierno del más aciago despropósito, donde tú eras el maestro y yo una ignorante aprendiz que, a duras penas, trataba de descifrar tu misteriosa naturaleza que siempre ahuyentó al más perspicaz…si acaso supiste embelesarme con suma delicadeza, despojándome, poco a poco, de todo cuanto yo era…
  Por un tiempo, me alimenté de ti y de tus quimeras las cuales fueron atrapándome en un repentino remolino plagado de aflicciones que hicieron de mí una infeliz, justo cuando me percaté que eras el fiel reflejo de toda una mentira. Pese a ello, continué sometiéndome, una y otra vez, a tus intransigencias. Algo que nunca supiste valorar, simplemente, porque andabas empecinado en querer martirizarme, culpándome de una irrealidad forjada a golpe de engaño y tanto que, a día de hoy, mi corazón adolece, mientras los recuerdos se aglutinan en mi memoria como si fueran una horrenda condena…




 © Propiedad Intelectual. Charlotte Bennet.