sábado, 3 de mayo de 2014

Corazón de piedra



  
                               
   Nunca imaginó que tras ese rostro angelical, de sonrisa afable y correcta apariencia, se ocultaba un ser vencido por el odio y el rencor, que él mismo se ocupó en salvaguardar ante los ojos de los demás, mientras ideaba un inquietante y macabro juego donde optaba por confundir los nobles sentimientos de aquella que le amaba, sin restricción alguna, solo para atormentarla, como mera distracción, pues de igual modo la encumbraba, endulzándole el oído con falsos cortejos, como, poco después, la menospreciaba del peor modo posible, a través de constantes vacíos, repletos de antipatía, que ella ingería, paulatinamente, hasta el extremo de envenenar su alma, y tanto, que no halló antídoto alguno para semejante desolación…
  Pronto, sus días se tiñeron de lenta agonía, plagada de la más nocturna oscuridad, en la que permanecía en completo silencio, viendo la vida pasar... acompañada de la melancolía y el dolor, los cuales limitaban su atormentado ser que yacía doblegado a la voluntad del maestro del disfraz, el cual hacía y deshacía con una asombrosa crueldad todo cuando acontecía a la adolecida joven, quien al límite de sus fuerzas y al borde de la locura, luchó por buscar ayuda, solo para escapar lejos de aquel pobre diablo, que se alimentaba de la nobleza y bondad de unos cuantos, mientras su corazón forjado en piedra caliza, le impedía dar cabida a ese delicado sentimiento llamado amor…


  
© Propiedad Intelectual. Todos los relatos, novelas y poesías que leéis están registrados. Charlotte Bennet. 

viernes, 2 de mayo de 2014

Soñé contigo



                                    
  Se desnudaron, guiados por la premura y la necesidad del momento, que abrasaba sus cuerpos... sus labios, expertos y voraces, se buscaban para devorarse en una infinita lucha de dominación… 
  Las cálidas manos del hombre exploraron, con vehemencia, la suavidad de aquel esbelto cuerpo femenino, dotado de exquisitas curvas, cubiertas por una sedosa, que tanto le gustaba a él... probó y degustó la sonrosadas y erectas cúspides de su senos, mientras sus dedos la torturaban, dulcemente, suscitando en ella  el más irrefutable deseo, el cual permanecía adormecido en la letanía del olvido, como todo lo que concernía a su hermosa estampa…cuando él rozó ese sensible punto, ella jadeó, exhalando una sonado suspiro…rogó e imploró, al borde de un inminente espasmo, sintiendo cómo su corazón latía, estrepitosamente...bebió de sus labios, que sabían al más dulce afrodisíaco, mientras la alzaba unos centímetros del suelo, lo suficiente como para que ella enroscara, sus largas y sedosas piernas, alrededor de su cintura, decidido a adentrarse, ardientemente, en su húmeda y resbaladiza profundidad, que lo acogió entre una retahíla de susurros, plagados de un ¨te quiero¨, que tanto anhelaba él escuchar... justo cuando el sonido del aquel condenado despertador, le hizo abrir los ojos, de golpe, solo para percatarse de su triste realidad...pues había vuelto a soñar con ella…con la mujer que venía robándole el corazón, desde hace un tiempo, y a la que era incapaz de declararse, por temor a no ser correspondido…




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domingo, 27 de abril de 2014

Alguien como tú



            
  Eres como ese depredador, que sobrevuela, ávido por devorar a su presa, a la que persigue, obstinado, solo para arrebatarle el aliento mientras la despedazada en medio de un reguero de olvido y de putrefacción…
 ...Solo que yo, te entregué, primero, mi corazón, para, poco después, perecer en vida…pues supiste ilusionarme, dulcemente, para luego optar por la más aterradora indiferencia, la cual me sentenció a una perpetua condena de lamento, en la que adolecí, mientras la razón, me fustigaba, mostrándome lo equivocada que estaba, al amar a alguien como tú, a quien, a fin de cuentas, nunca importé, lo suficiente, salvo en sus momentos de extrema soledad…pese a ello, dejé a un lado mi orgullo y acudí a tí, confiándote todo cuanto yo era, aferrada, inútilmente, a la absurda esperanza, de oír un ¨te quiero¨ pronunciado por tus labios, sellados por la propia desgana, que regía tu insólito ser que tanto me cautivó y, al que evoco, una y otra vez, en mis instantes de mayor debilidad, porque no negaré que te extraño y que te sigo queriendo como el primer día, solo que ahora, me encuentro terriblemente sola y a la deriva…




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