I
Hubo un eco distante
de un tiempo perdido
que nadie quiso escuchar,
un eco que la propia niebla empezó a tragar.
Y fue ahí, bajo la piel de la noche,
donde los espectros
susurraban mi nombre
como un coro de buitres
devorando lo que fui:
una reliquia consumada, ahogada
entre continuos naufragios y soplos helados de tempestad.
No hubo luz ahí,
sino una ardiente oscuridad,
un vacío que aprendió a esperarme,
un pulso suspendido que el abismo me resguardó,
un silencio eterno dispuesto a devorarme.
©Charlotte Bennet
No hay comentarios:
Publicar un comentario