III
Y, fue en esa grieta
donde aprendí a respirar,
mientras la marea,
insistía en reescribirme.
No hubo quien me sustentara,
ni astilla que me sujetara.
El fondo era mi destino,
un hogar donde la corriente
Arrastraba lo que no dije.
Ahí, la luz perdía su forma,
Su rostro.
Era yo contra el arrastre.
Contra la deriva
Y, por primera vez...
el mar era mi sombra...
©Charlotte Bennet
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