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Mi alma se deshoja
en la penumbra de lo arrebatado,
en la violencia de lo premeditado.
No hay sol que sane este ocaso
de delincuencia y ansiedad.
Un fortín improvisado
señala el abandono y la deslealtad.
Hay una niebla que insiste en brotar,
donde el olvido tiene memoria,
pero el tiempo rehúsa avanzar,
mientras el miedo transita
en la ciudad.
Auroras empañadas por una horda
que amenaza con descuartizar
la convivencia y la multiculturalidad,
Mi tierra llora
Sangre y verdad...
Nadie lo puede dudar,
excepto aquellos que no la quieren consolar.
Prefieren dejarla naufragar
en medio de una sinfonía
de moho, y sal.