lunes, 17 de febrero de 2014

Caricias



                  

  Dame tu tórrido aliento mientras de ti me alimento despertando así nuestro lado más salvaje, que fluye todo excitado e irracional, pues no entiende de normas ni reglas, tan solo atiende a la palabra deseo, que ahora nos envuelve para devorarnos en una  candente llama, mientras nuestras bocas se buscan y funden en una perfecta unión carente de pudor…
  Más yo, me rindo ante ti, exhalando un suspiro, lento y sofocado que, cada vez, va en aumento, ante tus intransigentes y atrevidas caricias, que causan estragos en mi sofocado ser, el cual se contrae en sutiles espasmos, cuando tus manos arrancan, con vehemencia, los botones de mi camisa seguido del cinturón para luego, despojarme del pantalón...mi piel se eriza pidiéndote que no te detengas y continúes con lo que has iniciado con absoluto descaro...me excitas y me desarmas en un pequeño puzzle...te miro extasiado...me miras toda atrevida... mas acabo sonriendo, satisfecho por como admiras y veneras mi avivada desnudez…nuestras bocas vuelven a fusionarse, entregados a ese goce acompañado de la más fabulosa lujuria que hace acto de presencia para avivar tanta  necesidad...entretanto, logro quitarte la última prenda que cubre tus delicados encantos femeninos, que acaricio sorteando tus perfumados pétalos sonrosados, custodiados por tus sedosos muslos que no dudo en rendir pleitesía, con mis labios, absorbo cada uno de tus  jadeos así como tu incontrolable frenesí…más gritas, chillas e imploras extasiada ante mi exhaustiva exploración en ese delicado punto de no retorno, en donde la mujer pierde la razón y se resquebraja, pero no tardo en acomodarme en tan bello paraíso para invadir aquello que me ofreces y me das, antes de que estallemos en un apasionada tormenta, que nos arrastra a la cima para poco después devolvernos a la tierra...

                      

© Propiedad Intelectual. Charlotte Bennet.

domingo, 16 de febrero de 2014

Desamparo

                                   


                      



   Cada día se despierta cubierto por nubes negras de cartón y plástico que envuelven su lánguido cuerpo mientras el viento y la lluvia cala hondo en sus delicados y frágiles huesos segados por la indigencia más extrema, que azota la sociedad de nuestro tiempo. Más él no se queja, si no que se conforma viendo las horas pasar, con la misma lentitud con que su corazón, cansado y fatigado emite un silencioso latido, alentado por un nuevo e incierto amanecer, que tiñe de amargura y destierro la triste historia del sin techo…
   Él es lo que no quería ser, una tibia silueta desaliñada, teñida de pesar, roída por el hambre y la miseria que devora sus entrañas, como un buitre carroñero que emerge de los rescoldos de lo que en su día fue y ahora es. Más él no protesta, sino agradece, con una desdentada sonrisa, al que le ofrece un mendrugo de pan con el que abastecer su horrible y aterradora hambruna, la cual ha hecho estragos en su malnutrido cuerpo ahora convertido en un saco de huesos rotos y  atrofiados por culpa la intemperie. No lo duda y come, con ansia, mientras sus manos, temblorosas, frías y encorvadas guían su sustento a su pobre boca…parece que hoy la fortuna le sonríe pues alguien se ha acordado de él después de días sin comer Y él se siente feliz pues le han regalado un pedacito de generosidad con el que abastecerse todo el día, entretanto el mundo sigue girando como una peonza, ajeno a las adversidades de los que la sufren y padecen en completa soledad, quien asesorada por la más infame injusticia de quienes gobiernan el mundo, se queda al lado de quien se conforma con una simple migaja de pan, mientras malvive en esa apartada esquina, ahora convertida en su sagrado templo pues con él  habita la más absoluta pobreza y mugre que le cubren con mantos de desolación y abandono, que él no ha elegido y que, sin embargo, acepta resignado, pero temeroso de quedarse a solas, con esa nefasta sombra negra que no duda en acecharlo para el viaje final...
  

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