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No hay luz en las estancias
donde antes habitaba tu nombre;
sólo el dolor se esconde tras el pálpito
decadente de los instantes vacilantes.
Nuestro amor fue fiera,
ahora consumida
por ese vacío patente
donde estrangulabas las últimas razones.
No hay perdón
a esta hiel sembrada,
solo el frío final
de un sombrío fracaso.
©CHARLOTTE BENNET
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