lunes, 8 de agosto de 2016

Rostros desordenados



               
                   
                    
                   
                      
                                                    
                                         


   La noche me brinda sonrisas perezosas, y rostros desordenados, que observo en un momento en que mi fenece un inusitado eco, preludio de una negrura inmensa que se propaga de forma contrariada sobre mi cuerpo mustio. No obstante, no culpo a la vida de mi desarraigo sino a la muerte que palpita, alterando mis horas de auxilio en la que mi aliento se entrecorta causando en mi una mudez infinita, pues recuerdo haber necesitado el uso de la palabra ahí donde el vacío chillaba dentro de mi alma, la cual  se atrincheraba bajo un cielo sin nombre, y sin voluntad para asignar deseos con los que delirar…
© Propiedad Intelectual. Charlotte Bennet.